Artículos de prensa

Sección doctrinal. Los proyectos de Alba. El Banco Agrícola
En: El Sembrador, nº11, 1916, 01/11/1916

EL SEMBRADOR, AÑO I, CIUDAD REAL, 1º DE NOVIEMBRE DE 1916, NÚM. 11
SECCIÓN DOCTRINAL
“Los proyectos de Alba. El Banco Agrícola”.
Dice un adagio inglés que la hora más negra de la noche es la que precede al alba, y con relación a la usura de los campos y creación de instituciones de crédito agrícola, ya vemos los anuncios de un hermoso día de redención para los que consagran sus recursos y esfuerzos al cultivo del suelo y viven empobrecidos y tiranizados por los que comercian con el dinero.
Los planes económicos y financieros de Villaverde fueron desarrollados en horas de amargura para los anhelos del gran patriota, pues, perdido el imperio colonial y en lamentable abatimiento las actividades nacionales, hubo que confiar a sus talentos la feliz solución de los más graves problemas.
Fue preciso contener dentro de los cauces de la realidad todas las nobles aspiraciones que pretendían realizar el milagro de transformar el carácter, los hábitos y los elementos de producción en el transcurso de unas semanas, y, gracias al freno de gran autoridad de aquel eminente hacendista, las imaginaciones de gentes bien intencionadas, pero irreflexivas, no agrandaron el mal, y pudo reducirse algo las consecuencias del desastre.
Alba ha pasado los días caniculares haciendo una labor ímproba, fija la vista en el oriente de la paz tan deseada, y con el ánimo solicitado por la legítima ambición de ver escrita esta página de hacendista con pluma de oro en los anales de la economía nacional.
Todos los esperábamos de los grandes arrestos y de la vasta cultura del señor ministro de Hacienda, una labor copiosa y útil, pero hay que reconocer noblemente que la realidad ha excedido a los mayores optimismos. Una obra compleja y de horizontes tan amplios, al ser sometida al estudio del Parlamento, a la crítica de la prensa yal examen de las clases interesadas en tantas reformas, es lógicos que ofrezca ancho campo a la discusión, y que en ésta aparezcan las conveniencias lastimadas con palabras y actos informados en los más negros colores del pesimismo.
El patriotismo y la previsión demandan de los hombres del Gobierno que busquen en los carcanos del porvenir con la linterna del estudio y la meditación, las dificultades y complicaciones que saldrán al paso de nuestro vida nacional en fecha no remota, y las fórmulas de mayor acierto que han de utilizarse para llevar al país por camino de franca prosperidad.
Para librar mejor en las futuras contiendas del comercio mundial, España debe reconcentrar sus ciudados y solicitudes en aquellas fuentes de riqueza que ofrecen más recios veneros de producción, y en este caso se encuentra la Agricultura.
Discurrió con acierto el señor ministro de Hacienda al buscar un acuerdo en forma práctica y hábil entre la acción oficial y la iniciativa privada, pues la Agricultura nacional puede en algunos cultivos, como el de cereales, doblar los rendimientos, si a la población rural se le facilita dinero en buenas condiciones y ella adquiere la cultura necesaria para mejorar las labores, hacer un uso adecuado de los abonos, y seleccionar las semillas.
Cierto que hasta ahora fracasaron las iniciativas oficiales que tuvieron por objeto establecer el crédito agrícola en la Península; pero declaremos con sinceridad que, para llegar a la meta de nuestros deseos, los caminos trazados por el Sr. Alba son mucho más accesibles que los que en otras épocas se planearon desde el Ministerio de Fomento.
El tiempo no fue perdido en orden a esta clase de empeños, pues las Cajas de Ahorros, Montes de Piedad y Cajas Rurales son testimonio de gran valía que acreditan el fruto de las campañas realizadas por los que siempre hemos creído que la acción privada podía dar cima a la empresa de fundar instituciones locales de crédito.
Los préstamos hipotecarios y los hechos con garantía personal por las Cajas de Ahorros y Rurales alcanzan una cifra muy importante. Estos organismos han de ser auxiliares valiosos del Banco Nacional Agrícola con arreglo a las normas que se indicarán en lugar oportuno.
Los Pósitos estaban en precaria situación cuando empezó su meritoria labor de reorganizarlos el señor conde del Retamoso, y ahora los caudales disponibles son de extraordinaria cuantía y permiten llevar a la familia agrícola alivios de verdadera importancia.
Yo concretaré mi opinión respecto al concurso que debe recibir el Banco Nacional Agrario del caudal de los Pósitos.
Dejar en olvido el Banco Popular de León XIII cuando se había de llevar por los campos auxilios en metálico a los que vivieron siempre avasallados y empobrecidos por la usura, sería injusticia notoria. La historia de este Banco registra en sus páginas tanta generosidad y alteza de miras a favor de las modestas clases agrícolas que bien justificado está que por todos los ámbitos de la Península no se oigan más que palabras de gran reconocimiento para su obra, tan desesteradas como útil.
No tiene los mismos prestigios el Banco Hipotecario, y en verdad que las gentes del campo nunca encontraron en este privilegiado establecimiento la ayuda que creían poder demandar dentro de las más rígidas disciplinas de la justicia.
Las Sucursales del Banco de España estuvieron siempre y siguen hoy influidas por una sistemática desconfianza, excepto en Badajoz, donde un sociólogo de corazón muy grande y de cabeza proporcionada al corazón, ha demostrado durante algunos años que tenía fe ciega en la solvencia y honorabilidad de la población agrícola entregando a las asociaciones cooperatistas sumas muy respetables que fueron reintegradas sin que se originase el menor conflicto.
Este hermoso ejemplo no tuvo los saludables resultados que eran de esperar, ni aun siquiera en las provincias limítrofes a la de Badajoz, y el dinero del Banco sigue siendo más propicio para el comercio que para los agricultores.
El dinero que tienen siempre los agricultores más cerca de la mano es el de los acaparadores, pero, ¡en qué condiciones…! Con éstos luchará porfiadamente el Banco Nacional Agrario, pues las Cajas Rurales, las de Ahorro y los Montes de Piedad, insisto en que tendrán que vivir en perfecta armonía con la nueva institución, encontrando todos campo sobrado para el desenvolvimiento de sus operaciones.
Las Cajas Rurales concurren a solucionar satisfactoriamente el problema social, formando de los colonos modestos propietarios que puedan servir de muro de contención para impedir que la ola anarquista, al rebasar las grandes ciudades encuentre a las gentes de la campiña en disposición de patrocinar los mayores extravíos, por haberse apoderado de su ánimo el más negro pesimismo.
Han llegado los tiempos en que el usurero debe dejar el puesto de único banquero de la población agrícola. Estudiaré lo sucedido en otros países a este respecto.

RIVAS MORENO.