Artículos de prensa

Sección doctrinal. Organización de lecherías cooperativas
En: El Sembrador, nº5, 1916; 15/07/1916

EL SEMBRADOR
AÑO I, CIUDAD REAL, 15 DE JULIO DE 1916, NÚM. 5

SECCIÓN DOCTRINAL
“Organización de lecherías cooperativas”
Si en los grandes centros de población resulta en España empresa muy ardua la de dar vida al espíritu de asociación, no hay por qué extrañar que los labradores y ganaderos que se educan en el alejamiento de toda cultura y, en muchos casos, hasta en la incomunicación, presenten grandes resistencias a formar parte de aquellas empresas que tienen por base el esfuerzo colectivo.
Para traer estos elementos sociales a vías de progreso se impone la necesidad de las cátedras ambulantes, pero con enseñanzas teórico-prácticas, porque a la población rural nada le seduce tanto como la propaganda de los hechos.
Las lecherías y queserías cooperativas cumplen fines sociales y mercantiles tan diversos como interesantes. Faltos los ganaderos de medios económicos, de cultura industrial y de relaciones mercantiles, tienen que limitarse a vender la leche, mantecas y quesos en las poblaciones más próximas al punto de producción, y, no disponiendo de medios para hacer una buena presentación del artículo, el comercio y los particulares le dan una estimación muy distinta de la que alcanzaría si, en vez de ir en forma tosca y ordinaria, el queso y la manteca se ofrecieran con el refinamiento y buen gusto con que saben hacerlo las casas exportadoras de Dinamarca, Holanda, Suiza, Francia, Alemania y otros países.
El ganadero o agricultor que dispone de unas cuantas vacas, no está en condiciones de hacer frente a ninguna contrariedad, y , necesitando el valor de la leche para las exigencias diarias de la familia, no tienen más remedio que vender, sean las que quieran las condiciones del mercado y resulte o no remunerador el precio del producto.
Las primeras lecherías cooperativas pusieron de manifiesto, a los pocos meses de existencia, que los ganaderos aumentaban los beneficios en más de un 25 por 100, aunque la alimentación del ganado se había mejorado, los locales tenían las condiciones precisas para que las reses llevasen vida sana y apacible; y la leche y los productos derivados se trabajaban con arreglo a los últimos adelantos científicos e industriales, y se ofrecían al consumo con los alicientes que para estos casos impone una especulación llevada con idea exacta de las exigencias del público.
No fue fácil ni breve la labor realizada para matar el espíritu de desconfianza en los campesinos, pero logrando en la primera experiencia un éxito lisonjero, las lecherías se han multiplicado en los países del Norte de tal suerte que ya discuten las revistas profesionales de Alemania, si perjudica al interés general que se prodiguen tantos esas asociaciones.
Los que afirman que vamos en el camino del progreso un siglo rezagados de los demás países de Europa, si meditan sobre las enseñanzas que arrojan ciertos hechos se convencerán de que habrá que ampliar el plazo, si el carácter nacional no se modifica y seguimos siendo un pueblo de chirigoteros insustanciales.
Es un hecho cierto que se ha procedido con poca reflexión en la roturación de las mejores dehesas de la Península, aguijoneados los agricultores por la obsesión de meter el arado en todas las partes. Los perjuicios incalculables originados a la ganadería se hubieran evitado seguramente, si las clases productoras conocieran las principales ideas de economía rural y llevaran con el debido cuidado nota de gastos e ingresos.
La incultura es causa de que los cambios de cultivos se determinen en bastantes ocasiones por las cotizaciones que tienen los frutos del suelo en los mercados. Por esto cuando la crisis vinícola de Francia dio valor a los caldos de la Península, los terrenos más apropiados para el cultivo de cereales se poblaron de viñas; al año siguiente de venderse la remolacha a precios altos, se ve una cosecha extraordinaria por exceso de cultivo, que aumentando la oferta deprime el valor y dispone el ánimo de los agricultores para sustituir este producto por otro que ofrezca mayores rendimientos.
¿Cuál se elige? No hay que dudarlo; el que alcanza en el año agrícola más altas cotizaciones.
La agricultura llevada con una orientación tan desacertada, conduce inevitablemente al desprestigio y la ruina. Reducido al último límite el aprovechamiento de productos espontáneos, porque las dehesas boyales y las de propios han desaparecido y las cañadas están convertidas en viñas u olivares, hay necesidad de recurrir a la estabulación con las mayores garantías de buen éxito para la industria rural que estoy estudiando.
Las lecherías y queserías cooperativas pueden disponer de pastos de todas clases y los ganados se alimentan siempre con arreglo al estado de cada animal y a las exigencias de la estación, del clima y de la variedad de productos que se han de elaborar.
En las inmediaciones del establecimiento deben existir terrenos de pasto, para que pueda el ganado aprovecharle en verde y, utilizando el riego, las plantas alcancen desarrollo suficiente para que se henifiquen.
Los ganaderos y labradores españoles han dado al olvido lo que significa un buen semental en la economía pecuaria. En las lecherías cooperativas de Suiza, Italia, Francia, Alemania y otros países, nunca tienen menos de sesenta a setenta vacas y los sementales los pagan, según la frase vulgar, a peso de oro, porque de este modo las crías constituyen un negocio muy lucrativo.
¿Qué sabe ni qué puede hacer un modesto ganadero, respecto a la construcción de locales?
Las lecherías cooperativas lo primero que requieren es un personal facultativo que domine el negocio, lo mismo en la parte científica que en la mercantil.
Los pesimistas encuentran un obstáculo invencible para que las lecherías cooperativas puedan alcanzar el desarrollo asombroso que ya tienen en otras naciones, en la resistencia de los capitalistas españoles a facilitar recursos con que cubrir el presupuesto de gastos de estas empresas.
Con el mismo criterio estrecho se discurría respecto a las Cajas Rurales y estas instituciones van estableciéndose y arraigando en todas las comarcas de la Península, siendo la complicación más grave que se les presenta el exceso de dinero que les ofrece el ahorro popular.
RIVAS MORENO.

NOTA: LABRADORES: Si deseáis vender a buen precio vuestros productos, comprar barato lo que necesitéis para el cultivo de vuestros campos, asegurar vuestras cosechas y ganados y veros libres de las garras del usurero, sindicaros; el Sindicato Agrícola es vuestra salvación.